IVÁN REGUEIRA

El Voto Colombino y la Virgen de la Cinta: la dimensión espiritual de la gesta descubridora

Cuando se habla del Descubrimiento de América, la historiografía suele centrar su atención en las decisiones políticas de los Reyes Católicos, en la figura de Cristóbal Colón o en los aspectos náuticos de la expedición. Sin embargo, existe una dimensión profundamente humana y espiritual que resulta inseparable de aquella empresa: la fe de quienes se embarcaron hacia un mundo desconocido.

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El Voto Colombino y la Virgen de la Cinta: la dimensión espiritual de la gesta descubridora
El Voto Colombino y la Virgen de la Cinta: la dimensión espiritual de la gesta descubridora | Huelva

En ese contexto adquiere una relevancia singular la devoción a Nuestra Señora de la Cinta, patrona de Huelva, cuya vinculación con la gesta colombina quedó sellada para siempre a través del conocido como Voto Colombino.

Santa Lucía y San Blas
Santa Lucía y San Blas | Huelva

El 15 de enero de 1493 Colón toma la decisión de partir, y el 16 las carabelas Pinta y Niña abandonan La Española con rumbo a España, en las que se embarcaron varios objetos recogidos en la expedición así como 10 indios.

El 14 de febrero de 1493, en el tornaviaje, se cruzaron con una fuerte tempestad que estuvo a punto de hacer naufragar las embarcaciones. Los temporales hicieron que, de nuevo, se separasen las carabelas de Colón y Martín Alonso Pinzón. La Pinta fue la

primera en regresar a la península ibérica, arribando a Bayona, en Galicia.

La noche del 2 al 3 de marzo de 1493 la carabela La Niña fue sorprendida por una violentísima tempestad en las proximidades de las Azores y posteriormente cerca de las costas

portuguesas. El temporal hizo temer lo peor. Las olas amenazaban con tragarse la embarcación y con ella desaparecería para siempre la noticia del descubrimiento del Nuevo

Mundo.

Colón llega a América
Colón llega a América | Huelva

En aquellas circunstancias extremas, Cristóbal Colón y toda la tripulación recurrieron al único auxilio que creían capaz de salvarlos. La tradición recoge que el Almirante se encomendó a la Virgen de la Cinta, implorando su protección y prometiendo acudir en peregrinación a su

santuario si lograban salvar la vida. No era un gesto extraordinario para los hombres del siglo XV. La navegación estaba

profundamente unida a la religiosidad popular. Antes de cada travesía se pedía la protección divina y, ante el peligro, era frecuente realizar votos a la Virgen o a los santos. La empresa colombina, lejos de escapar a esta realidad, fue también una aventura marcada por la fe.

El Santuario de Nuestra Señora de la Cinta, situado sobre el Cabezo del Conquero, era ya a finales del siglo XV uno de los principales centros de peregrinación del antiguo Reino de Sevilla y un lugar de especial devoción para marineros y navegantes que frecuentaban las

costas onubenses. Su origen se remonta al propio siglo XV, bajo una arquitectura gótico-mudéjar que, pese a las numerosas reformas posteriores, aún conserva parte de su configuración primitiva.

Su mayor tesoro artístico y espiritual es la pintura mural de Nuestra Señora de la Cinta, conservada en el muro frontal del presbiterio. Se trata de una representación mariana realizada con técnica mixta —fresco, temple y pan de oro— en la que la Virgen aparece sentada

sosteniendo al Niño Jesús, quien porta la cinta que da nombre a la advocación, mientras María muestra una granada, símbolo de la plenitud de sus virtudes. Al no poder procesionarse la pintura mural, hacia 1760 se realizó una imagen escultórica que

reproduce fielmente la composición original, conocida popularmente como la Virgen Chiquita, atribuida al círculo del imaginero sevillano Benito Hita del Castillo. Asimismo, el retablo barroco que enmarca la pintura pertenece al siglo XVIII, mientras que los célebres azulejos realizados por Daniel Zuloaga en 1920, situados a ambos lados del presbiterio, inmortalizan diversos episodios marianos y de la tradición marinera de Huelva, entre ellos el recuerdo del

Voto Colombino.

Superado el temporal, Colón pudo arribar a tierras portuguesas. Allí, Colón es arrestado y liberado posteriormente para, a causa de otro temporal, terminar atracando en Lisboa el 4 de marzo, donde se entrevistará con el Rey Juan II de Portugal y le informará de su descubrimiento. Navegó por la costa de Portugal y luego por la costa de Huelva hasta el puerto de Palos, donde llegó el 15 de marzo según el Diario, o el 23 de marzo según Bernáldez. La Pinta llegó a Palos el mismo día que la Niña, pero Martín Alonso de

Pinzón, gravemente enfermo, falleció en La Rábida alrededor del 31 de marzo.

Daniel Zuluaga
Daniel Zuluaga | Huelva

Pocos días después, regresar a las costas onubenses. Fiel a la promesa realizada en mitad del océano, subió hasta el Santuario de Nuestra Señora de la Cinta, en el Cabezo del Conquero, donde cumplió su voto encendiendo un cirio en acción de gracias.

Aquel sencillo gesto quedó grabado para siempre en la memoria de Huelva. No se trataba únicamente del cumplimiento de una promesa personal, sino del reconocimiento público de que el éxito del viaje y la conservación de las vidas de sus protagonistas eran entendidos como un

don recibido bajo la protección de la Virgen.

Todavía hoy, en el presbiterio del Santuario de Nuestra Señora de la Cinta, un azulejo recuerda este episodio histórico y perpetúa el Voto Colombino, convirtiéndose en un testimonio material de una tradición que ha atravesado más de cinco siglos.

La ceremonia del Voto Colombino, celebrada anualmente, mantiene viva aquella memoria. No es una simple recreación histórica, sino la expresión de una identidad compartida entre Huelva, su patrona y uno de los acontecimientos que cambiaron el rumbo de la historia universal. A través de ella, la ciudad recuerda que la gesta descubridora no solo estuvo marcada por la audacia de los navegantes, sino también por una profunda confianza en la providencia divina. La Virgen de la Cinta ocupa así un lugar singular dentro del universo colombino. Si el Monasterio de La Rábida representa la preparación intelectual y humana del viaje, y el Puerto de Palos simboliza el inicio de la aventura, el Santuario del Conquero representa el regreso agradecido, la culminación espiritual de aquella expedición que abrió un nuevo capítulo en la historia de la humanidad. Quizá sea esa la grandeza del Voto Colombino: recordar que, detrás de los grandes acontecimientos históricos, siempre existen personas que, enfrentadas al miedo y a la incertidumbre, encontraron en su fe la fortaleza necesaria para seguir adelante. Y en esa

historia, la Virgen de la Cinta continúa ocupando un lugar privilegiado como protectora de quienes, hace más de quinientos años, cambiaron el mundo desde las costas de Huelva